lunes, 5 de diciembre de 2011

Rojo

-¡Vamos, acércate!,
¡Saca tu daga!

Y acaba con este sinvivir
que es tu ausencia
y mi vida vaga,
ya no sentiré nada.

¡Clávala!
¡Clávala!

Prefiero ver mi sangre
derramada en este
frío suelo de Diciembre,
poner fin a esta
existencia absurda
de alguien que sin ti,
ya nada busca.

Prefiero morir, aquí y ahora, en tu recuerdo,
que vivir eternamente en tu más olvido,
porque vida ya no es vida
porque amor ya no es amor;

porque este me condenó
a un largo y sufrido camino,
donde una ciega soledad
ilumina mis noches de tinta
y oscurece mis semejantes días;

es una batalla constante,
entre lo que queda de mi ser
y el final de la luz,
allí donde empieza
y acaba el camino.

Un viaje con todos sus alicientes,
con sus momentos de gloria
y sus grandes derrotas,
con amores de madre
y desde hace mucho
ausencia de norte.

Hace ya un tiempo
aunque está presente,
dejé de ser quien era,
me escondí tras una
persiana como capa,
cerré mis puertas
a toda persona,
perdí mi energía,
que solo a veces
en letras resurgía;
perdí mi garantía
y ahora, nadie cambia
esta repugnante apatía.

No sé que fue, de aquel 
que en ocasiones
veo en fotos, con esa
sonrisa que irradía.

Ahora son rosas,
rosas y espinas,
también podrían ser ortigas
ya que el roce de tu piel
tanto a mi me irrita;
y porque no enredaderas,
entrelazadas en mi corazón,
que obstruyen mi existencia
y que oprimen mi autoestima.

Quizás de toda esta flora
que en mi habita, resurja
algún día entre otros mundos,
y brote de nuevo la esplendorosa vida,
con sus raíces de amistad,
con sus tallos de alegría,
con sus hojas vigorosas,
con la magia de sus flores,
con sus pétalos de amor
y la delicia de su polen.

05-12-2011

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